Para Tiago Segades Porta, príncipe de los elfos, señor de los olivos, heredero de ausencias.

Acerca de espejismos.

La comarca es un feudo presentido más allá de los muros.
Más allá de los huertos donde aguardan los duendes el tiempo del retorno.
Desdeña memoriales, evangelios, bitácoras de viaje.
Se rige solamente por la edad de la sombra, las fases del silencio o la repetición de los fantasmas.
No acontece salvo en la irradiación de los jazmines.
No sucede sino en el desamparo.
Pero construye calles como párpados ante una parsimonia de zaguanes custodios de fragancias, de misterios, de ocultas floraciones.
Pero extiende sus calles al abrigo de fresnos o plátanos o robles o acacias desvergonzadamente celebrantes.
Pero extiende sus calles al borde de los templos consagrados, desde la voluntad de las espadas, a los señores de los desconsuelos,
de las pulcras desdichas, de los martirizados corazones.
Los templos ofrecidos a los santos señores que derramaron toda su agonía en la arena del circo
y ahora están ubicados encima de los cirios, alrededor de los altares, sosteniendo en sus manos una vara de nardo o azucena o inocencia o paloma.
Pero teje la trama de casonas dormidas, de retratos en sepia, desde los bastidores del olvido.
Pero entrecruza agudas lanzaderas por la azul espesura de los mitos, las sagas o la cosmogonía de las lluvias
donde sacian su sed los equinoccios, las aves, las cosechas.
Pero despliega calles ordenadas hacia la desmesura de los ríos que siempre merodean en torno a su cintura de suburbio,
de sueño clandestino, de salvaje naufragio.
Allí donde las tapias van cediendo perfiles a los cercos, a las enredaderas de rosas en racimo, cálices de campanas,
demencia de encendidas madreselvas,
instrumentos de muerte, clavos, espinas, sangre, en las corolas de las pasionarias.
Mientras gime en los charcos la honda melancolía del crepúsculo.
A la hora del ángel.
Porque ella no acontece salvo en la convicción de los delirios.
Porque ella es sólo un feudo presentido más allá de los muros.
Más allá de los huertos donde aguardan los duendes el tiempo del retorno.
La comarca no existe.

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Música

Esta obertura ha sido creada especialmente para el libro por el músico Raúl Segades, padre de Tiago. Historias para Tiago ( obertura) by Raúl Segades

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