Para Tiago Segades Porta, príncipe de los elfos, señor de los olivos, heredero de ausencias.

Acerca de la savia.

Trasladaron sus cepas a través de las aguas hace ya tanto tiempo
que ninguno conserva la agreste geografía, la historia de sus reyes, el perfil de sus nombres.
En la primera edad estuvieron desnudos, heridos, en letargo,
avergonzados ante los naranjos, pomelos, limoneros que expulsaban azahares con esa dadivosa prepotencia de quien ha superado la nostalgia.
En la primera edad no dieron frutos.
Se alimentaban sólo de silencios y sangraban de noche un dolor caudaloso.
Y aprendieron que siempre se está solo en medio de las sombras, del destierro,
cuando nada permite adivinar los lindes, los lejanos confines de un milagro, los altos horizontes
y todo desamparo es más intenso.
Sobre todo bajo una luna artera, despojada de asombros, recorriendo la piel de los almácigos
–acelgas en hilera, temblores de lechuga, corazones de papas o repollos-
como quien no comprende, como quien nada sabe de la ausencia.
De a ratos se escuchaban sus sollozos.
Y hasta los colibríes despertaban en sus nidos de seda, sus columpios de sólida ternura para indagar el llanto.
Y los palomos.
Y las golondrinas.
Trasladaron sus cepas hace ya tanto tiempo que ninguno conserva el perfil de sus nombres.
Sin embargo aún existe ese ardiente secreto en el idioma antiguo de la savia.
Como una permanencia. Como una sed magnífica.
Como azules fragancias de cierta eternidad nunca vivida.
Una cuestión de zumos, de linfas, de sustancias.
Una cuestión de música, palabras, exorcismos.
Tal como si los santos, los druidas o los ángeles salmodiaran recuerdos con su voz de durazno.
Después de tanto eclipse no es sencillo determinar las huellas.
Aunque el aire vigile los rincones donde ciruelos, nísperos, higueras y algunos mandarinos.
Hubo tantos olvidos habitando detrás de los vitrales que es casi un imposible.
Y nombrar los olivos es nombrar las penumbras, los fantasmas, los sueños primordiales.
Por eso no se puede hablar de los olivos.

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Música

Esta obertura ha sido creada especialmente para el libro por el músico Raúl Segades, padre de Tiago. Historias para Tiago ( obertura) by Raúl Segades

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